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Integración

Anticipando la cuarta ola

Así pues tenemos la complejidad, una de esas cosas que no puedes controlar, sencillamente tratas con ella, o no.

Y entonces, ¿estamos abordando la complejidad? Sí, lo hacemos. Consideramos la complejidad más a menudo de lo que podamos pensar. Gestionamos complejidad siempre que tenemos en cuenta más de una variable, más de un indicador, perspectiva histórica y visión a largo plazo, sea como directivo, individuo, entrenador o jugador de consola (pensemos por un momento la diferencia entre el juego de Atari de tenis de los 70’ y el actual FIFA15 para cualquier consola, que incluye parámetros como ¡la química del equipo!).

Y vamos a hacerlo mucho mejor en el futuro.

Sin embargo el análisis de la complejidad no está suficientemente extendido. Puedo pensar en dos frenos a la extensión del análisis complejo:

1)      Educación. Estamos educados para pensar analíticamente, rompiendo un problema en sus componentes y atacándolos de manera independiente. Estamos educados, además, para hacerlo siempre así. Las únicas compensaciones de largo plazo (no analíticas, considerando más toda la imagen) son los principio, la moral, la religión.

2)      Visión simple. Todavía se hace difícil explicar decisiones tomadas después de un análisis de complejidad. Y nadie te agradecerá un análisis de complejidad cuando la decisión parece tan obvia (¡vende, vende, vende!).

El pensamiento sistémico es una excelente manera de abordar la complejidad. La visión sistémica se extenderá en el futuro; es solo cuestión de tiempo y de naturaleza (o de matemáticas).

El pensamiento sistémico además nos da muchas ventajas: hace posible la inteligencia colectiva y continua; los objetivos a largo plazo pueden ser considerados y monitorizados; los problemas retorcidos pueden ser abordados combinando herramientas analíticas (sí, sí, las herramientas que nos han permitido reducir enfermedades, aumentar la producción mundial de alimentos o llevar al hombre a la luna) y análisis sistémico; y la realidad fragmentada toma sentido.

El pensamiento sistémico o la capacidad de ver sistemas se puede enseñar y aprender y, lo más importante, se puede compartir.

Lo que necesitamos para avanzar en la visión sistémica son herramientas. Herramientas fáciles de usar que nos permitan representar, compartir, mejorar y trabajar conjuntamente con sistemas. Ésta puede ser la clave para saltar de una visión del mundo a otra.

En resumen:

1.      Actualmente ya gestionamos la complejidad, pero en el futuro lo haremos mucho mejor. Hasta se puede pensar en “tratar la complejidad como un imperativo ético” (tal como afirma el profesor Hamid Bouchiki).

2.      El pensamiento sistémico es una manera efectiva de abordar la complejidad.

3.      El próximo paso son las herramientas para traducir y compartir el pensamiento sistémico.

Si estás buscando el próximo océano azul piensa en herramientas para un análisis sistémico. Estarás anticipando la cuarta ola.

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