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Digresiones

J.W. Forrester

La noche del pasado 16 de noviembre moría a los 98 años Jay W. Forrester, creador de la dinámica de sistemas, disciplina pionera en la modelización informática de comportamientos. Según consta en el obituario publicado en el New York Times del 17 de noviembre, J.W. Forrester creció en un rancho aislado en Nebraska, hecho que le infundió un acercamiento eminentemente práctico a las cosas. Estudió ingeniería eléctrica primero en la Universidad de Nebraska y después en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde desarrolló toda su carrera académica y profesional.

En el MIT estudió servomecanismos y sistemas de control de retroalimentación, y durante la segunda guerra mundial desarrolló un dispositivo que permitía la intercepción de aviones por radar. Él mismo instaló y puso en marcha el dispositivo a bordo del portaaviones Lexington, en el que sirvió como civil durante un mes.

También dentro del MIT, J.W. Forrester fue uno de los inventores de la memoria de núcleo magnético, que utilizaron los ordenadores hasta los años 70, cuando Intel empezó a comercializar la memoria RAM, a base de silicio, más rápida y menos espaciosa. A él debemos muchos otros avances en la computación, disciplina que abandonó en 1956. Y sin embargo no es por esto que J.W. Forrester será recordado, sino por la dinámica de sistemas.

Brevemente, la dinámica de sistemas aplica los principios de retroalimentación a cualquier tipo de interacción, incluyendo la humana. Así Forrester, influido por la incipiente emergencia de la cibernética y una cierta estructuración del pensamiento sistémico, traslada los conocimientos de los servomecanismos a sistemas mucho más complejos como el tejido industrial (Industrial Dynamics), las ciudades (Urban Dynamics), o el mundo entero (World Dynamics, modelo sobre el que se basó uno de sus alumnos de doctorado, Dennis Meadows, junto con Donella Meadows, Jorgen Randers y William W. Behrens para escribir el famoso informe al Club de Roma, Los límites del Crecimiento).

La dinámica de sistemas se convierte así en la primera herramienta que permite reflejar las relaciones entre las partes de un sistema, sean físicas o de comportamiento, y por tanto da pleno sentido a la noción de sistema, de manera operativa.

Ahora bien, el objetivo de la dinámica de sistemas no es tanto predecir sino ayudar a comprender el comportamiento de los sistemas que estudia. Y por eso relaciona estructuras con tendencias de comportamiento, pero sin el afán de llegar a dar cifras concretas para tiempos futuros. Su nacimiento reciente como disciplina la hace madura en este sentido, consciente de la magnitud de la complejidad, fuente inagotable de impredecibilidad y azar. Es por eso una aliada natural del pensamiento sistémico, que propugna una visión más allá de los objetos, buscando patrones de comportamiento generales y a largo plazo.

J.W. Forrester se atreve a pensar más allá de los compartimentos tradicionales de conocimiento, y en cambio lo hace des del espíritu más genuino de la ingeniería: buscando soluciones operativas a los problemas planteados.

Un perfil renacentista del siglo XX, el profesor Forrester ha contribuido decisivamente a difundir la visión sistémica, imprescindible para afrontar con mínimas garantías de éxito los retos que nos reserva este siglo XXI. En su muerte es importante recordar la necesidad de plantear modelos de funcionamiento sistémicos, globales y a largo plazo, más allá de las soluciones parciales y a corto plazo que se imponen por todo el mundo.

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